16 dic. 2011

Pecados Capitales

Tal vez sorprenda que yo, siendo ateo, dedique una entrada en mi blog a los pecados capitales, ya que los pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. Sin embargo mi visión de los pecados capitales es bastante distinta (aunque coincide con la visión cristiana en que se trata de algo negativo) y no tiene que ver con tratar de educar a nadie, si no que tiene que ver con que se trata de debilidades del ser humano. A continuación explicaré a qué me refiero, puntualizando en cada pecado capital.

24 nov. 2011

No me representa


El ser humano, tan dispar entre sus propios individuos, pero a la vez tan predecible muchas otras veces. Hay quien dice que el ser humano  es una amenaza para él mismo, hay quien dice que el ser humano es empático por naturaleza... no sé cuánto de cierto hay en estas afirmaciones, pero no me identifico con ninguna de ellas, no soy empático, pero tampoco una amenaza, carezco de negatividad (odio, rencor, envidia...), y me es imposible sentir el dolor ajeno. Deshumanizado, tal vez esa sea la palabra. Ajeno a la humanidad y su rumbo, ajeno a algunas de sus virtudes y defectos, aún sigo sin entender por qué la gente se hunde ante sus defectos o desgracias y no hace nada por remediarlo, sigo sin entender por qué hay gente que se siente mal si me ocurre algo que para mi no tiene ninguna importancia, por qué la gente siente miedo ante nimiedades que no le harán ningún daño irreparable, por qué hay gente que se preocupa por mi, aún sabiendo que no me preocuparé por ellos. Me gusta ayudar a las personas, sí, pero eso lleva un fin egoísta, el fin de que obtengo una satisfacción por ello, y por conocer nuevas experiencias de las cuáles puedo aprender, por eso lo hago, y no porque me preocupen. Todo eso nos hace más humanos, me dicen, pues no veo dónde está la parte buena de ello, no veo por qué deba tomarse como un cumplido. “Las imperfecciones nos hacen más humanos” ¿significa que voy a ser menos humano si decido remediar en medida de lo posible mis imperfecciones? ¿acaso no puedo querer mejorar por mi mismo? ¿entonces cuando lo hago qué soy? Si ser humano consiste en eso, me niego.
A medida que voy aprendiendo más sobre la humanidad, voy entendiendo menos. No sé si debería seguir tratando de entenderla u optar por dar por sentado que es así y punto. El caso es que empiezo a estar harto de ella, estar harto de ver cómo todo acabará hundido por culpa de nosotros mismos, y nadie lo vea o quiera hacer nada por remediarlo. Harto de ver cómo nos llevamos a la miseria nosotros mismos y también a todo el planeta, porque ninguno de nosotros se salva. El título de la entrada se debe a esto, el ser humano no me representa, no me identifica, no me siento ligado a él, no digo que sea superior o inferior, simplemente distinto.
No trato de cambiar el mundo, no trato de cambiar a nada ni a nadie, sólo expreso lo que siento desde hace un tiempo hasta ahora. Seres humanos, seguid sintiéndoos orgullosos de pertenecer a la desgracia del planeta, seguid presumiendo de esa humanidad que tanto daño os hace y sobre todo, seguid llevándoos a la perdición voluntariamente con vuestros vicios nocivos y vuestra prácticamente nula ambición por mejorar. Os espero en el otro mundo.

10 sept. 2011

Miedo y sufrimiento


El miedo, sensación inherente al ser humano, innata, que nos protege evitando que entremos en peligro, o activando el “botón” adecuado para escapar de dicho peligro. El único escenario en que el miedo es un aliado es en una situación de supervivencia, donde la vida corre un grave riesgo, la adrenalina liberada hace capaz al individuo de cosas inimaginables en él con tal de conservar la vida. Pero no es ese miedo del que me dispongo a hablar.

Voy a hablar del miedo que impide al individuo hacer cosas, cosas que podrían traer consecuencias muy positivas. Miedo al fracaso, al ridículo, al amor, al dolor, a no cumplir expectativas, etc. En definitiva, miedo al sufrimiento. ¿Por qué existe miedo al sufrimiento? Muchos pensarán que esta pregunta no tiene sentido, porque clavado en su cabeza se halla el pensamiento de que el sufrimiento es malo y muy negativo, por lo tanto tratan de evitarlo, desgraciadamente también evitan muchas cosas positivas que les puede traer. El sufrimiento no es malo, ni mucho menos negativo, por eso no se debe tratar de evitar. Lo que vale la pena en la vida no se consigue sin sufrimiento, es necesario, y además fortalece al individuo, porque después de cada sufrimiento se es más fuerte, más tenaz y se está más preparado para cualquier cosa que le depare la vida. Pero para que esto ocurra primero hay que saber superarlo, saber resistir, no rendirse ni venirse abajo, tener una actitud de autosuperación, sólo así se podrá sacar lo positivo de ello. Una desgracia no es el fin del mundo, nunca es el fin del mundo, si te hallas en medio de una tormenta, crúzala, aunque te caigan piedras por todos lados, aguanta y sigue, si tu mente te dice “para”, ignórala. Cuando llegues al final verás tu recompensa, sea en forma de objetivo cumplido, sea en forma de experiencia y fortaleza ganada, porque algo positivo siempre se saca de ello, y será entonces cuando mires hacia atrás con una sonrisa y veas que el miedo ya no tiene razón de ser, has superado ese sufrimiento que tanto te atemorizaba, ya no volverás a retroceder ni a torcer el gesto cada vez que tengas que vértelas con algo similar. En definitiva, la experiencia te ha demostrado lo equivocada que estaba tu imaginación, porque sí, el miedo a hacer determinadas cosas es fruto de la propia imaginación que recrea los peores escenarios en la mente, ahondando en ese miedo. En este sentido la imaginación es un enemigo a vencer en primer lugar, una vez dado el primer paso sólo queda arriesgar, aguantar, y vencer.

Hay que tener claro que en la vida se va a sufrir, es algo que por mucho que intentes evitar, ocurrirá, y más te vale estar preparado y dispuesto a enfrentarte a todo lo que te atemoriza. En la vida conviene pasar por un infierno para llegar a un paraíso.

6 sept. 2011

La vida


¿Si os preguntasen si la vida para vosotros es una maravilla, o una lucha constante, qué contestaríais? Yo contestaría que la pregunta está terriblemente mal formulada, puesto que una lucha puede ser maravillosa, y eso es la vida, una maravillosa lucha tras otra donde creces, aprendes, ganas, pierdes, te levantas y sigues, das golpes, recibes golpes, etc...
Hoy he recibido un mensaje anónimo que me decía textualmente “Hay días en que quisiera huir de todo, estoy hartándome de todo. Envidio tu necedad de no rendirte nunca, idiota.”
Lejos de ofenderme o sentirme halagado, en cierto modo este mensaje me ha empujado a querer escribir esto, y ayudar en lo posible.
Incluso yo he tenido momentos en que quisiera huir, desaparecer y no volver nunca, empezar de cero, momentos en que la esperanza brilla por su ausencia. La diferencia es que no permito que esto me deprima, me hunda o me obligue a rendirme. Si la cabeza me dice que me rinda, que debería estar triste, cabizbajo o deprimido, sencillamente no la escucho y sigo adelante, porque soy yo quien toma las riendas de mi vida, no las circunstancias de ésta. Desgraciadamente no es mucha la gente que decide tomar las riendas de su vida, dejando que sea el entorno quien lo haga por ellas, su lema es que la vida da muchas vueltas y se dejan llevar completamente. Esto en cierto modo está bien, pero tiene una laguna bastante grande, si se deja que sea el entorno y las circunstancias las que muevan su vida, nunca podrán conseguir lo que quieren o se proponen, a menos que el azar se lo traiga en bandeja, cosa muy poco probable. Lo peor de todo esto es que en algún momento dado estas mismas personas que han decidido que su vida sea así, se quejarán de que no les va todo lo bien que desearían en ésta, que ellos mismos han elegido. ¿No tiene mucho sentido, verdad?
Haciendo un poco de análisis, entre estas personas las hay de dos tipos: personas totalmente carentes de ambición, y por otro lado, personas que temen tomar las riendas de su vida, este tipo es el más abundante. Para los primeros, no tengo nada que decir, es un estilo de vida totalmente contrario al mío y que no comprendo, pero respeto. Para los del segundo tipo, se trata de personas en cierto modo predecibles, si las circunstancias les invitan a estar eufóricos, lo estarán, si les invitan a estar tristes, lo estarán, en pocas palabras, las circunstancias les controlan como marionetas y eso no parece molestarle a muchos de ellos. Muchas veces querrán huir de los problemas, esperando que desaparezcan por arte de magia, querrán evitar enfrentarse cara a cara a una posible lucha que sin duda alguna podría traerles cosas positivas como experiencia o esa sensación indescriptible de superación de dificultades. Personas en cierto modo cobardes, que temen afrontar la vida a cara descubierta. No se ven preparados para recibir todos los golpes que haga falta, levantarse y seguir luchando. Siempre tendrán en la boca su argumento sagrado de que no sabes qué puede pasar mañana, como excusa de por qué no deciden mandar en su propia vida. Yo prefiero hacerlo, evidentemente no tengo control sobre todas las circunstancias, no soy omnipotente, pero puedo tener control sobre mí mismo ante esas circunstancias, por difícil que resulte, no es imposible, y esto es un reto que personalmente me encanta. Además esto indudablemente puede otorgarme cierta ventaja.

La vida es como una pelea, no puedes entrar en ella y esperar no recibir golpes y salir airoso. Lo importante no es lo fuerte que pegues, si no lo fuerte que pueden golpearte mientras sigues tu camino, y no dejas que estos golpes, estas dificultades, a veces inesperadas, te saquen del camino que te has marcado. En una pelea recibirás golpes, pero una vez estás metido en ella y tengas la convicción de ganar, da igual los moratones que te lleves, da igual cuánto duelan, no vas a querer parar hasta terminar saliendo vencedor, o totalmente destrozado en el intento. Pero te recuperarás y seguirás, habiendo aprendido algo de cada episodio de tu vida, saliendo reforzado de él. Porque no sé vosotros, pero muchas veces es más grande la satisfacción de verme capaz de superar cualquier dificultad, de soportar el más terrible dolor, la más terrible angustia, sabiendo que he aprendido y he salido reforzado; que el hecho de haber ganado. También me gusta que las cosas me salgan bien, pero si todo me saliese bien... Qué aburrido, ¿no? además no aprendería nada.  Prefiero la vida tal y como es, con sus victorias y sus derrotas. Una constante y maravillosa lucha de la que disfrutar.

17 ago. 2011

La muerte



La muerte, a veces temida, a veces infravalorada, pero necesaria al fin y al cabo. Sin la muerte no podríamos saber lo que es vivir, y una vida sin muerte acabaría siendo un suplicio. La muerte propia es algo que no debe asustarnos, después de todo, si estoy yo, no está la muerte, y si está la muerte, no estoy yo. El problema viene cuando muertes ajenas ocurren. Aquellas muertes que pueden producir el más profundo de los dolores, pero esto no tiene por qué verse como una desgracia, como parece ser. Pero la gente ha de tener en cuenta una cosa:

La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
François Mauriac

Hay muchas formas de perder a una persona en la vida, y la muerte no es una de las peores, la pérdida de un ser querido, aunque pueda resultar algo doloroso, también es algo natural, a todos nos llega el momento en que la vieja de la guadaña nos hace una visita. Las pérdidas trágicas son las que más impacto tienen, por lo inesperado, porque hacen que la gente se pregunte ¿Por qué?¿por qué a él/ella? Era tan joven, tenía toda la vida por delante...
No debemos venirnos abajo por estos acontecimientos, después de todo es algo que tenía que ocurrir tarde o temprano, lo que tal vez debamos hacer en estos casos sea mirar hacia adelante, y tomar este revés del destino como un estímulo para empezar a vivir la vida realmente, para disfrutarla y recordarnos que algún día terminará, y todo esto, toda esa motivación que podemos sacar de un suceso a priori negativo, lo convertimos en algo positivo, que nos puede traer cosas muy positivas a nuestra vida. A los fallecidos los despedimos y los recordamos, pero nada más, no volverán, de nada sirve llorar por algo que no volverá. Fallecimientos hay todos los días en todo el mundo, de miles de formas distintas, cuando la muerte nos toca de cerca es cuando realmente pensamos en ella ¿pero por qué? En mi opinión deberíamos tenerla siempre presente, nunca sabes cuándo sufrirás un accidente y de repente todo se acabó (ni falta hace decir que yo, desde mi punto de vista ateo, considero que no hay absolutamente nada después de la muerte). Y hemos de tenerla presente para preguntarnos qué estamos haciendo con nuestra vida, si es lo que realmente queremos hacer, si estamos disfrutando como deberíamos, vida sólo hay una.
Lo que sí es cierto es que a pesar que no se le debe temer a la muerte, se le debe tener el respeto que merece, al fin y al cabo la muerte lo cambia todo, sea para bien, sea para mal, pero tiene una alargada sombra. En definitiva, la muerte nunca ha de verse como algo malo, no se le debe tener miedo, ni siquiera a la muerte de seres queridos, es algo natural y que está allí, y seguirá allí hasta el fin de los días, recordándonos que llegará el día en que tendrá que llevarnos, y que más nos vale apreciar la vida mientras nos dure. Así como una jornada bien empleada produce dulce sueño, una vida bien usada causa una dulce muerte

25 jul. 2011

La felicidad


La felicidad, tan inalcanzable para algunos, tan complicada para otros. La gente común y corriente tiende a pensar en la felicidad como algo que deben alcanzar a toda costa, algo que les dará sentido a su vida o que les permitirá vivir en paz y armonía, alejados del sufrimiento propio que viene inherente al hecho de vivir. Cuán equivocados se encuentran todos estos individuos, puesto que no sólo no son conscientes de lo desgraciados que se sentirán consigo mismos mientras no alcancen esa supuesta felicidad, sino que encima no saben en qué consiste siquiera. La felicidad ni es inalcanzable, ni es complicada, ni te aleja del sufrimiento, y por supuesto no es ninguna meta que alcanzar; una forma metafórica de expresarla sería decir que la felicidad no es el lugar al que llegar, sino una forma de andar por el camino por el que se anda. No se llega a ser feliz, se es o no se es, y así se vive, punto. Otro error que suele cometerse es pensar que para ser feliz hacen falta cosas, lo que sea, sea material o abstracto, y esto no es para nada cierto. Lo único que hace falta para ser feliz es querer serlo, y por supuesto no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita, puesto que disfrutará de mayor libertad y fluirá con la vida, le lleve donde le lleve. También se tiende a creer que vivir feliz de manera continuada y aparentemente perpetua es imposible, puesto que “siempre puede haber algo que te estropee el día”... caemos en otro error, absolutamente nada puede “estropearte” el día, o la semana o el mes, si uno mismo no se lo permite. A veces basta un simple cambio de chip, mirar el lado positivo que existe en todas las cosas que nos ocurren, para ver que realmente somos mucho más afortunados de lo que creemos, y por lo tanto, seguir sintiéndonos felices y con buena estrella. Y esta es una de las claves más importantes, como he dicho antes la felicidad no implica que no ocurran cosas que tengan el potencial de hacer sufrir, pero depende de cada persona si otorgarle a esto la capacidad de afectarle negativamente, lo importante no son las dificultades, sino la forma de afrontarlas, eso es lo que hace la diferencia entre una persona feliz y otra infeliz, entre una persona ganadora y una perdedora. Obviamente si ha ocurrido algo que para el parecer del individuo que lo sufre es malo, tenderá a reaccionar negativamente en un principio, puesto que así es como la sociedad y el entorno le han “programado”, pero si en lugar de tener ese suceso concreto en mente, carcomiéndole el cerebro, se despejara y se dedicara a pensar en cosas que no tengan nada que ver y le aporten tranquilidad, o se dedique a meditar, todo eso se haría mucho más llevadero. O incluso sólo cambiando el punto de vista y viendo el lado positivo, esto se puede hacer también.
En definitiva, la felicidad no se encuentra fuera de nosotros, se encuentra dentro, por lo tanto no hemos de buscarla fuera, sencillamente tenemos que cambiar ciertas cosas dentro de nosotros, y podremos vivir en esa anhelada felicidad, si es que la anhelamos, por supuesto.

21 feb. 2011

Odio y maldad


El odio, sentimiento destructor por excelencia, todos lo hemos sentido, todos lo hemos vivido... pero no todos lo superan. El odio puede tener muchas causas, puede ser por miedo, como cuando un pequeño agredido en el instituto odia y teme a los peces gordos abusones; puede ser por sed de venganza, cuando queremos que alguien pague por lo que ha hecho; puede ser por pura envidia, puede tener muchas causas, incluso un amor fallido. En mi caso particular ese rencor vino por sed de venganza hacia lo que en su momento consideré una traición de la gente más cercana a mi, sangre de mi sangre, y de ese sentimiento me cegué, mi alma oscureció del todo y dejé que se apoderara de mi, total, no tenía nada que perder. Muchos eran los días que fantaseaba, muchas eran las noches que soñaba con consumar mi venganza, desde la más absoluta discreción, mientras actuaba en mi día a día como cualquier hijo de vecino. Pero ahí no acababa la cosa, se extendía, se hacía incontrolable, adoraba la guerra y la violencia, cometía injusticias porque tenía la extraña certeza de que en mi caso estaba justificado. La simple idea de hacer aflorar sus más oscuros sentimientos a todo el mundo, haciendo que acaben los unos con los otros, esbozaba en mí una sonrisa cuanto menos inquietante. La herida en mi orgullo había gangrenado hasta pudrir por completo mi alma, y el odio se transformó y se convirtió en malicia. ¿Cuál es la diferencia?, se preguntarán algunos, es muy fácil hacer daño y causar el mal estando cegado por el odio, o incluso en un arranque de ira, siendo inconsciente durante breves instantes, pero sólo la malicia, la maldad pura, hace daño desde las más absoluta tranquilidad y consciencia, y disfruta de ello, sonriendo ante el dolor ajeno. Durante un tiempo ese fue mi estilo de vida, me divertía y me desahogaba, pero no evitaba que siguiera atormentándome, era un alivio pero no una cura, más bien todo lo contrario. Un día me puse a pensarlo detenidamente y me dije: ¿qué coño estoy haciendo con mi vida?¿tan triste es que mi único entretenimiento es hacer el mal a los demás?¿y si no estuviesen, o les dejara de afectar?¿a qué me dedicaría entonces?¿con qué me aliviaría? Por suerte no era demasiado tarde, supe reaccionar y cambiar, aunque esa maldad se quedó impregnada y amenazaba con salir cada vez que algo me salía mal. Tuve que crear una coraza imaginaria para que nada me traspasara, nada me afectara, así evitaría que saliese, hasta que desapareciese del todo. Creo que puedo afirmar con toda certeza de que ya no está, o ya no manda sobre mi, ya no tiene razón de ser.
En definitiva, el odio no trae nada bueno, y a partir de él no puede ir nada a mejor. Tal vez produzca un desahogo momentáneo el hecho de maldecir a cualquier persona, mientras ésta sigue con su vida tranquilamente y sin enterarse de nada, obviamente la persona resentida es la única afectada. Y esto es lo más suave que puede ocurrir, si se llega más allá, los efectos negativos se multiplicarán y no habrá marcha atrás. Nadie se siente mejor odiando, la gente tiende a engañarse constantemente creyendo que se encuentra bien cuando no es así, el rencor da a la persona odiada más importancia de la que en realidad debería tener, lo cual es una sandez, lo que me lleva a pensar en una nueva causa del odio, y tal vez la más importante, la ignorancia.

14 feb. 2011

El amor


En una fecha tan señalada como la de hoy, es el momento perfecto para hablar de lo que es el amor, desde el punto de vista de esta mente lúgubre y oscura. El amor es el más puro y potente de los sentimientos, capaz de alterar ritmos cardíacos, capaz de trastocar los planes de las mentes más racionales, capaz de condicionar las acciones de los seres más despiadados. Para mí personalmente, el amor es algo que escapa de cualquier entendimiento, el único ámbito donde se puede perder sin cometer un solo error, donde se puede ser perfecto y caer una y otra vez, llegando a minar la moral y la esperanza del más osado y el más luchador. Sólo por este hecho ya merece el mayor de los respetos, nunca se sabe qué esperar, sin embargo en el momento adecuado se debe saber actuar, o todo estará perdido. Dicen que un corazón sólo se rompe una vez, desde ese momento cualquier daño sólo traerá rasguños, ojalá me hubiese dado cuenta de ello antes, antes de que mi mente decidiera encerrarlo en una jaula para que no sufriera más daños, al igual que una madre inexperta prohibiría a su hijo ir al parque porque se ha caído del columpio y no quiere que se haga daño. Una mala decisión que a la larga se hizo insostenible, ahora ese corazón es libre, libre para poder sentir, libre para poder querer, sin embargo, y dada la ya amplia experiencia adquirida, se ha dado cuenta de que no le conviene ser libre para actuar. Ese órgano vital, que poéticamente alberga nuestros sentimientos, está hecho para eso, para sentir; para decidir y actuar ya está la cabeza, de lo contrario sería como si intentásemos agarrar un vaso con la lengua, la lengua está para saborear, la mano está para agarrar, intentar agarrar un vaso con la lengua sería una tarea sencillamente inútil.
Ya dije anteriormente que una espina clavada para mi persona es el no poder separar cabeza y corazón, cuando mi corazón siente, adquiere una fuerza demasiado grande para mi parecer, capaz de descolocarme y hacerme perder el norte. Tal vez esto ocurre porque no siente muy a menudo, o vaya usted a saber, pero no se trata de enfrentar mente y corazón, simplemente se trata de que puedan actuar en armonía, sin entrar uno en terreno del otro.
Mucha gente teme al amor, afortunadamente no es mi caso, ya que llega un momento en que uno se acostumbra a su suerte, vive con ello y ya no tiene efecto ninguno sobre la persona, ni siquiera cambia su visión de las cosas, ni para bien ni para mal ¿Pero por qué existe el miedo a enamorarse? Puede ser por lo que he comentado anteriormente sobre la potencia de este sentimiento y el efecto que tiene en las personas que lo viven, pero normalmente suele ser por miedo a sufrir por ello, miedo a depender de los sentimientos de la otra persona, miedo a que tal vez aunque esos sentimientos sean correspondidos, las circunstancias sean lo suficientemente desfavorables como para que sea terriblemente complicado de llevar. Todo esto lo he vivido, y como yo mucha gente, son cosas que pasan y no se pueden controlar, no debemos temer algo que tiene el potencial de hacernos felices (o de hundirnos en la miseria), a veces se gana y otras se pierde, lo único que se puede hacer es disfrutar cuando tenemos la fortuna de nuestro lado, y aprender cuando no lo está, como todo en la vida, porque el amor, por muy potente que sea, no deja de ser otra faceta más de nuestras vidas.

10 feb. 2011

Monstruos

Monstruos, todos los tenemos, todos los conocemos, son los miedos que nos invaden, a unos más que a otros. El miedo es un sentimiento natural, nos protege de lo que nos puede hacer daño, pero... ¿Y qué pasa con el terror? Las garras del terror una vez clavadas en una persona lo segregan cual veneno por todo su ser, hay quien no puede soportarlo, hay quien se acostumbra y vive con él, hay quien se enfrenta a él, pero una vez contaminado no se vuelve a ser el mismo. Es indescriptible la sensación de oír voces en tu mente, de pensar que aunque no hay nadie vas a recibir una puñalada en cualquier momento, fantasmas por todos lados, enemigos solapados, ocultos tras las sonrisas de la gente que ves a diario. Hablas con ellos, te ríes con ellos, mientras ves como su cara, sus facciones cada vez se asemejan más a las de demonios y seres del averno. ¿Alucinaciones? Seguramente, el terror se ha apoderado de ti y ha cambiado tu percepción de las cosas, de repente aparecen esos fantasmas, todos son tus enemigos, todos quieren perjudicarte, atarte, no te quieren dejar en paz, y no lo hacen, te taladran la mente las 24 horas del día, oyes gritos que vienen desde el fondo del abismo en que ha caído tu alma, y después una incómoda carcajada de un duendecillo oscuro que sólo tuvo que empujarla. Día tras día, y sobre todo noche tras noche, la misma sensación no te deja vivir, no te deja confiar, no te deja querer, no te deja respirar. Si algo bueno tiene esto es que la desconfianza generada desarrolla hasta puntos insospechados cada uno de nuestros sentidos, incluyendo la intuición. No te limitas a ver tu entorno, lo escuchas, lo sientes, puede oír caer un alfiler al otro lado de la habitación, puedes sentir a alguien acercarse a unos metros de ti, adquieres una visión panorámica, no se te escapa un solo detalle, con fugaces vistazos en todas las direcciones sabes perfectamente qué ocurre a tu alrededor, pero todo esto tiene un precio, el precio de vivir atormentado. ¿Qué hacer llegado este punto? ¿Rendirme y dejar que el terror se apodere de mi? No ¿Enfrentarme a él? ¿Cómo se puede enfrentar alguien a algo que no sabe ni lo que es, algo que está en su mente, y por lo tanto está por todas partes? Tampoco es la solución ¿Vivir con él y acostumbrarte? Exacto, no hagas nada, no le escuches, acabará yéndose. Se irá pero no se irá en vano, habrá dejado en ti una huella imborrable, generalmente para bien, porque ya no temes a cualquier cosa, tu capacidad de percepción ha aumentado de una forma sobrenatural, eres más consciente de todo cuanto te rodea. Quieras o no pasas a ser un fenómeno, un monstruo, quien se las ve con monstruos, en monstruo se convierte... ¿pero qué tiene eso de malo? Nada, sólo eres distinto a los demás, pero eso es un honor, y para ser sincero, me alegro. De vez en cuando aquel duendecillo oscuro vuelve a hacerme una visita, yo le saludo, le sonrío, él hace lo propio y se va. Después de todo ahora somos semejantes ¿por qué iba a haber mal rollo?

7 feb. 2011

Alma del guerrero


Si me preguntasen hace siglos cuál es mi vocación, cuál es mi oficio, mi razón de ser, sin duda respondería: guerrero. ¿Por qué guerrero? a partir de aquí hablaré de mí en tercera persona, ya que me siento más cómodo de esa forma. El destino, caprichoso como él solo, le ha entrenado en cierto modo para ello, le ha hecho poseedor de cualidades propias de seres batalladores e incansables. Crecido en un entorno conflictivo, no sólo familiar sino a nivel de vecindad, de barrio, crearon en él un sentido de la competitividad que se ha ido desarrollando a medida que avanzan los años, y siente una necesidad imperiosa de superarse, de ser implacable, de ganar batallas con serenidad, de que no le tiemble el pulso, invencible. Solitario desde edades muy tempranas, maestro del desapego, añadido a cierto egoísmo y egocentrismo, evitan que cualquier otra persona pueda trastocar sus planes, siguiendo el orden establecido por él mismo. Deshumanizado, acostumbrado a ver a la muerte y el dolor de cerca, no le producen ninguna impresión. Temerario, su vida es una más, no le da demasiada importancia, ante los ojos de la muerte somos todos iguales. Mezquindad, crueldad, alguien que no aprecia su propia vida ¿cómo va a apreciar la de los demás? No le temblará el pulso a la hora de aplastar a quien se interponga en su camino. Carencia de temor, habiendo vivido y superado algunas de las pesadillas de cualquier persona común, ha perdido el miedo a las mismas, a lo único que teme es a perder su independencia, a no poder valerse por sí mismo, a no poder dar el 100%, porque sabe que siempre que pueda darlo todo de sí mismo, pocas cosas pueden haber que se le resistan; además de cada caída, cada mala experiencia, ha salido reforzado y con las cosas más claras, tornando una desventura en su favor. Ambición, siempre está dispuesto a aprender nuevas técnicas y estrategias para no dar oportunidad alguna a sus rivales. Honor, no le gustan los enfrentamientos en desventaja, los abusos, no se puede aprender de una batalla que desde el principio está ganada. Templanza, no es fácil que pierda los nervios, está tranquilo y sabe en cada momento qué tiene que hacer. Tenaz, nunca da un paso atrás, no se rinde mientras el objetivo valga la pena, antes la muerte que la retirada. Todas estas son sus principales cualidades de guerrero, las cuales aún debe mejorar, y adquirir otras, como saber separar cabeza y corazón. No es un guerrero perfecto, ni mucho menos, pero como buen guerrero luchará para acercarse lo más posible a esa anhelada perfección, que le convertirá en un ser fuera de lo común, tiene tiempo por delante para conseguirlo, sólo hay que seguir como hasta ahora, superando batalla tras batalla los obstáculos que se le pongan en frente, reforzándose tras cada victoria, aprendiendo tras cada derrota, así se forja un verdadero guerrero.