15 sept. 2012

Humanidad

Con la llegada del 2012 la gente hablaba del fin del mundo de la profecía maya, la cual cada vez que recuerdo me hace esbozar una seca y desesperanzada sonrisa. Millones de personas ignoran que el fin empezó hace mucho tiempo, el fin no será repentino, si no que poco a poco está viniendo. Pero como es típico en el propio ser humano, no será consciente de ello hasta que sea demasiado tarde, o incluso puede que nunca, quién sabe. En el último año parece que se ha “puesto de moda” hablar de revoluciones, a las cuales miles de personas desinformadas se unen sin saber qué hacer y siguen a otras personas que están prácticamente en las mismas condiciones que ellos. Es normal que la gente esté harta de la situación que vive, y quieren vivir en mejores condiciones, pero una revolución y un posible cambio en el mando sólo mantendría una época de tranquilidad, que tarde o temprano volvería a convertirse en lo que es hoy en día, o incluso algo peor. El ser humano es débil y el poder corrompe a cualquiera que no esté realmente preparado para ello, y en la sociedad que vivimos (la occidental, al menos) encontrar a alguien que lo esté es poco menos que una utopía. La anarquía sería un caos en el mundo actual, totalmente corrupto y lleno de avaricia, odio e ignorancia. Sin embargo el problema no es colectivo, es individual.


No podemos intentar cambiar el mundo si ni siquiera somos capaces de cambiar por nosotros mismos. Tenemos hábitos tóxicos. La capacidad del ser humano para intoxicarse a sí mismo a base de negatividad (odio, envidia, avaricia, soberbia, pensamientos negativos) y hábitos dañinos (sedentarismo, tabaco, drogas, alcohol, etc) es impresionante; además de ser capaz de meterse por sí mismo en espirales de esta propia negatividad, ¿quién dijo que el ser humano fuese inteligente? ¿alguien inteligente haría estas cosas? Pero esto no es lo peor, lo peor es que todo esto se inculca directa o indirectamente generación tras generación, como un cáncer hereditario. Si este es el ejemplo que damos a los que vienen, pronto serán un reflejo de todas estas cosas.

En mi opinión la principal fuente de todo lo negativo se halla en la ignorancia, la cual hay de sobra. Nadie escapa a ella, ni yo mismo, por supuesto. Si no ignoras el daño y la pérdida de tiempo, vida, esfuerzo y dinero que te supone todo esto, dejarías de hacerlo. Nadie quiere desgraciarse la vida, supongo.