6 ago. 2012

Vacío


¿Dónde estoy? Miro a mi alrededor, desconcertado. La densa niebla sigue tapando todo lo que intento ver más allá de unos metros. Lo poco que veo me resulta familiar, pero no es lo mismo. Tengo la sensación de haber estado allí antes, tal vez lo estuve. Pero está irreconocible, como si hubiese pasado un huracán y se hubiese llevado casi todo. Continúo levantándome del suelo tras los últimos tropiezos, caídas y trampas. Todo lo que veo son ruinas de lo que anteriormente fue... ¿mi camino? ¿cómo he llegado aquí de nuevo? No entiendo nada, ni siquiera sé si realmente tengo que entender algo.

El dolor sigue ahí, no se irá; pero no importa, se aprende a vivir con él. El miedo va dejando paso a la temeridad de aquel que sabe que tiene cada vez menos que perder. ¿Acaso volveré a mi antiguo ser? Insensible ante todo aquello que sea ajeno a ese sueño que me he visto obligado a abandonar antes de tiempo, a esa luz que llevo conmigo. Vacío ante el mundo que le rodea. Ya no disfruto haciendo aquello que antes me gustaba, ya no encuentro la paz donde antes la tenía. Ruinas, ruinas de lo que antes fue un mundo que creí haber construido bajo unos fuertes cimientos. No lo eran tanto, al parecer.

Por un lado, un sueño roto que sigo sintiendo; por otro lado, temeridad, indolencia, indiferencia, desidia, incapacidad para sentir nada. Parecen dos mundos aparte. Los restos de mi alma se quedaron en ese sueño, que poco a poco muere dejando un vacío más grande de lo que cabía esperar. La viveza de éste me hacía más humano. Ahora el panorama se antoja muy distinto, pero a la vez familiar. Hace tiempo esto fue lo que quise, tal vez tuviese mis razones, pero ya no lo quiero, no tiene razón de ser, ¿por qué vuelve? ¿me he convertido en esto de verdad? Alejarte del mundo no es tan difícil, lo difícil es volver a él una vez lo has abandonado. ¿Cómo revertir la indolencia? ¿Cómo recuperar ese trozo de humanidad perdido? ¿Cómo encontrar ese equilibrio? Mi alma se apaga inminentemente, no sé qué vendrá después, realmente ahora sé menos que nunca. Vamos, mundo, sorpréndeme.