10 feb. 2011

Monstruos

Monstruos, todos los tenemos, todos los conocemos, son los miedos que nos invaden, a unos más que a otros. El miedo es un sentimiento natural, nos protege de lo que nos puede hacer daño, pero... ¿Y qué pasa con el terror? Las garras del terror una vez clavadas en una persona lo segregan cual veneno por todo su ser, hay quien no puede soportarlo, hay quien se acostumbra y vive con él, hay quien se enfrenta a él, pero una vez contaminado no se vuelve a ser el mismo. Es indescriptible la sensación de oír voces en tu mente, de pensar que aunque no hay nadie vas a recibir una puñalada en cualquier momento, fantasmas por todos lados, enemigos solapados, ocultos tras las sonrisas de la gente que ves a diario. Hablas con ellos, te ríes con ellos, mientras ves como su cara, sus facciones cada vez se asemejan más a las de demonios y seres del averno. ¿Alucinaciones? Seguramente, el terror se ha apoderado de ti y ha cambiado tu percepción de las cosas, de repente aparecen esos fantasmas, todos son tus enemigos, todos quieren perjudicarte, atarte, no te quieren dejar en paz, y no lo hacen, te taladran la mente las 24 horas del día, oyes gritos que vienen desde el fondo del abismo en que ha caído tu alma, y después una incómoda carcajada de un duendecillo oscuro que sólo tuvo que empujarla. Día tras día, y sobre todo noche tras noche, la misma sensación no te deja vivir, no te deja confiar, no te deja querer, no te deja respirar. Si algo bueno tiene esto es que la desconfianza generada desarrolla hasta puntos insospechados cada uno de nuestros sentidos, incluyendo la intuición. No te limitas a ver tu entorno, lo escuchas, lo sientes, puede oír caer un alfiler al otro lado de la habitación, puedes sentir a alguien acercarse a unos metros de ti, adquieres una visión panorámica, no se te escapa un solo detalle, con fugaces vistazos en todas las direcciones sabes perfectamente qué ocurre a tu alrededor, pero todo esto tiene un precio, el precio de vivir atormentado. ¿Qué hacer llegado este punto? ¿Rendirme y dejar que el terror se apodere de mi? No ¿Enfrentarme a él? ¿Cómo se puede enfrentar alguien a algo que no sabe ni lo que es, algo que está en su mente, y por lo tanto está por todas partes? Tampoco es la solución ¿Vivir con él y acostumbrarte? Exacto, no hagas nada, no le escuches, acabará yéndose. Se irá pero no se irá en vano, habrá dejado en ti una huella imborrable, generalmente para bien, porque ya no temes a cualquier cosa, tu capacidad de percepción ha aumentado de una forma sobrenatural, eres más consciente de todo cuanto te rodea. Quieras o no pasas a ser un fenómeno, un monstruo, quien se las ve con monstruos, en monstruo se convierte... ¿pero qué tiene eso de malo? Nada, sólo eres distinto a los demás, pero eso es un honor, y para ser sincero, me alegro. De vez en cuando aquel duendecillo oscuro vuelve a hacerme una visita, yo le saludo, le sonrío, él hace lo propio y se va. Después de todo ahora somos semejantes ¿por qué iba a haber mal rollo?

1 comentario:

  1. Nuevamente has logrado capturar la esencia de tu personalidad y actitud frente a las adversidades, cómo te comportas ante tus miedos y cómo te enfrentas a las barreras que se erigen (y han erigido) en tu vida.

    De un modo genérico has reflejado con precisión una más que posible etapa de tu vida; con tus palabras has devuelto a la vida a aquella primera monstruosidad que realmente te afectó y condicionó tu naturaleza. Pero, a la vez y más importante, dejas patente cómo la has superado y ha cesado en martirizarte. Y, más importante, cómo has aprendido de dicha experiencia, cómo has localizado y potenciado sus ventajas y habilidades adquiridas.

    Pero todo conlleva un elevado precio. La ausencia de dolor y sufrimiento es balsámica, e incluso deseada; pero su cara opuesta y simbiótica se incrementa: no sentir, no 'padecer' sentimientos. Así son los monstruos, así hemos sido.

    Sí, en pasado. Porque tú tampoco lo eres ya. En proceso de rehumanización, comienzas a ser vulnerable de nuevo, a estar capacitado para vincularte con los demás. Pero no es malo, todo lo contrario. Ahora posees una distinguida característica que el resto de personas, aquellas que no han tenido que contemplar directamente a los ojos a sus quimeras del averno, no atesoran: una extremada resistencia frente a cualquier tipo de dificultad, una habilidad que te permite valorar todo y actuar del modo más óptimo posible.

    DarkWolf.

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Pues eso